Como puedo enseñar a mis hijos el arte de no dejar las emociones arruinar las situaciones.

por | Abr 27, 2017 | Educación, Vida de Familia

Nuestro hijo que tiene tres años puede llorar lagunas enteras, simplemente porque él no puede tener algo de la manera que él quiere o las cosas van diferente de lo que él pensaba.

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Hoy, mientras  desayunemos tranquilamente como familia en un lindo lunes de Pascua, yo vertí leche en la taza de este hijo. Algo, que el quiso hacer por sí mismo, como el me dijo un poco tarde. Le respondí que ya le di, y que puede tomar su leche. Entonces el puso su cabeza sobre la mesa y comenzó a llorar.
Eso significó el final de un desayuno tranquilo y relajante … a menos que llegamos a tener una buena idea.
En este momento, Me acordé de un libro que he leído sobre la educación (amar a nuestros hijos con propósito de Danny Silk), donde habla de “enseñar a nuestros hijos  controlar sus emociones de una buena manera”. Para mí, éste fue el momento para enseñar a mi chico sensible que el puede controlar su”tristeza sobre la leche que el no podía verter por el mismo “. Entonces,  comencé a explicarle que no quería a un niño llorando en nuestra mesa del desayuno. Que puede ir en el salón (que se encuentra  al lado de la cocina) – o dejar de llorar y disfrutar el desayuno con nosotros.
Él no podía parar de llorar, pero tampoco quería ir sola en el salón.  Así, lo llevé yo en el salón y le  dije que quería mostrarle algo.  Tomó dos hojas de papeles.

Pues, dibujé una carita con sonrisa en el primer papel.

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Una cara llorosa en el otro.

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Con esos dos papeles, le lleve en el  pasillo entre la cocina y el salón. Con un poco de cinta adhesiva pegó el papel con la cara sonriente en la puerta de cocina. El otro papel con la cara triste en la puerta del salón. Entonces le pregunté a mi hijo: Quieres ir donde la carita triste, seguir llorando? O mejor donde la cara sonriente, feliz?   Me parecía muy interesante que él pensaba durante al menos 30 segundos. Luego, indico la puerta del salón, pero con un aire muy vacilante. Tomé un paso en esa dirección, con mi hijo en los brazos. Rápidamente, él gritó:  “No, no, en la cocina, la cara feliz!” le pregunté: “Así que no lloras más”? Él sacudió la cabeza, sonriendo.
Por lo tanto, le senté de vuelta en su silla. Como familia estábamos nuevamente disfrutando el desayuno, todos felices.
Cuando nuestro hijo mayor terminó su desayuno, se iba en el salón, seguido por su hermanita. Ambos regresaron un poco más tarde,  cada uno con una hoja de papel…con caras!
Estábamos todos riendo –  Esos caritas eran fantásticas.

El hijo mayor dibujó una “no-se-que-quiero-cara” y pegó el papel en la puerta para ir en el jardín, por el caso si su hermano no sabe que quiere. Él pensó  que salir ayuda siempre en estos momentos.

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Su hermana dibujo una cara enojada – y le pegó en la puerta del dormitorio. Para  si el llega a estar enojada, el podrá ir a saltar en la cama.

 

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Me sentí muy agradecido por el día que leí ese libro. Creo que la lectura fue uno o dos años atrás, pero en el momento justo, recordé lo que leí sobre una situación similar. (por eso me gusta leer libros  acerca de cómo criar a los niños. Ya muchas veces, me recordé algo que leí, justo en el momento oportuno.) Bueno, esta mañana una situación que podría haberse convertido en un desayuno  agotador con un niño llorando – se convirtió en una situación donde pudimos empezar a enseñar que podemos elegir como vamos a reaccionar ante las situaciones. Que existe una palabra importante que se llama “auto-control”. Podemos elegir qué emoción  dejamos que nos dominan. Además, la situación ayudó a fortalecer el sentimiento de familia y creo un momento que todo van a acordarse con gusto.

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